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La mentira y el desengaño

La mentira y el desengañoa

Telediario de unos mentirosos • La mentira política • Memorias de un desengañado y una intuición

Telediario de unos mentirosos

  • “Con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 20 veces”. Pedro Sánchez (candidato a la Presidencia del Gobierno de España), abril de 2015
  • “No me voy a reunir con Bildu”. Pedro Sánchez (Candidato), febrero de 2016
  • “Con Bildu no se acuerda nada”. Pedro Sánchez (Presidente del Gobierno de España), junio de 2019.

Durante el año 2020 el PSOE alcanzó varios acuerdos trascendentales con Bildu (reforma laboral, aprobación de presupuestos generales del Estado) y es una de las fuerzas políticas que le proporciona un apoyo más entusiasta y estable.

  • “Con Iglesias a ningún lado, je je je”. Pedro Sánchez (Presidente), julio de 2018.
  • “No es posible que Pablo Iglesias entre en el Gobierno”. Pedro Sánchez (Presidente), julio de 2019.
  • “… por la noche no dormiría tranquilo [con Podemos en el Gobierno]”. Pedro Sánchez (Presidente), septiembre de 2019.

Tras los resultados electorales del 10N de 2019 y tan solo unas horas después de mantener públicamente su oposición a gobernar con Podemos, Pedro Sánchez (Presidente) da instrucciones para iniciar contactos con Podemos con el fin de formar un gobierno de coalición, con Pablo Iglesias como Vicepresidente.

  • “Clarísimamente ha habido un delito de rebelión en Cataluña”. Pedro Sánchez (líder de la oposición), mayo de 2018.

“El presidente del Gobierno nunca ha dicho que ha visto un delito de rebelión en Cataluña”. Carmen Calvo (Vicepresidenta de Gobierno de España), noviembre de 2018.

  • “No permitiré que la gobernabilidad de España descanse en partidos independentistas”. Pedro Sánchez (líder de la oposición), marzo de 2016
  • “No quiero que la gobernabilidad descanse en los independentistas”. Pedro Sánchez (Presidente), abril de 2019

Los partidos independentistas son un apoyo fundamental para el sostenimiento del gobierno y condicionan totalmente su agenda política.

  • “No subiremos impuestos a la clase media ni a la trabajadora”. Maria Jesús Montero (Ministra de Hacienda), junio de 2020.

La subida de impuestos que prepara Moncloa afectará también a rentas medias y bajas. El Confidencial, mayo de 2021.

Los telediarios tienen su límite de tiempo y las entradas de blog un espacio acotado. Simplemente he mostrado una lista ilustrativa, pero no exhaustiva, de las mentiras de este gobierno, ¡y sin necesidad de incluir a sus socios de Podemos!.

La mentira política

Cuando hago cuenta de la retahíla de mentiras que nos ha endosado este gobierno no dejo de sorprenderme de que aún sigan al frente de sus actuales responsabilidades. Pero lo cierto es que todos los gobiernos y todos los políticos, en mayor o menor media, mienten y que la cuestión sobre la mentira política nos acompaña desde la edad antigua. Así que no creo que vayamos a tener novedades al respecto en el próximo Consejo de Ministros.

Porque ¿hasta qué punto no es una ingenuidad pretender que los políticos y gobernantes nos digan la verdad?. A veces nos mienten sin que ellos mismos sepan que nos están mintiendo, sencillamente nos dicen lo que realmente piensan, solo que llega un momento en que la realidad les alcanza.

Otras veces nos mienten deliberadamente porque consideran que no estamos preparados para asumir la verdad y, por tanto, nos protegen. Y, en algunas ocasiones, desde luego, nos mienten por puro interés propio o porque se encuentran en una posición de la que no pueden o saben salir de otro modo. Son humanos, como nosotros. ¿Son moralmente reprobables sus mentiras?.



A mi juicio en el primero de los casos no. Todo el mundo puede equivocarse y eso no te convierte en un mentiroso. Quizás te convierte en un incompetente o en un simple más o menos peligroso. Quizás simplemente “no se podía saber”. Y aunque en este gobierno hay casos verdaderamente ejemplares en cuanto a su ineptitud e incompetencia para desarrollar cualquier actividad productiva, no creo que sea ese el caso ni de Pedro Sánchez, ni de Carmen Calvo ni de María Jesús Montero.

El segundo caso, en cambio, es más complejo. No discuto la existencia de situaciones en las que si los gobernantes nos contasen la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, podrían producirse resultados contraproducentes para el interés general. Pero no todos los días la vida en la tierra está amenazada por un meteorito cuya existencia haya que ocultar hasta el último momento para evitar que se desencadene el caos en las calles. Esto tampoco explica la intensa frecuencia de las mentiras de los políticos.

Solamente hay que echarle un vistazo al listado de la sección anterior. ¿Cuántas de esas mentiras podrían achacarse a la incompetencia, a meros errores de cálculo o a la preservación del interés general?. A mi juicio, ninguna. A nivel práctico, por tanto, la mentira política se basa en el puro interés partidista, por mucho que para justificarla haya quien se ampare en Platón, Maquiavelo o Henry Kissinger.

Y es que no cabe duda que mentir, cuando se domina como un arte o se es capaz de eludir sus consecuencias, proporciona opcionalidad: la capacidad de elegir libremente a cada momento diferentes cursos de acción con independencia de las posiciones y compromisos que hayas adquirido anteriormente. Una flexibilidad que es muy ventajosa y que es lo que persiguen nuestros políticos al mentirnos.

Pero dominar el arte de la mentira en estos tiempos de sobreexposición mediática y medios de comunicación distribuidos requiere una pericia que, muy a pesar suyo, nuestros políticos no tienen. A mis más de 50 tacos he visto muchas cosas, pero nunca había experimentado una sarta de mentiras tan burdas, a una cadencia tan elevada y con unas patitas tan cortas que en pocas semanas se ponen tan en evidencia que solo pueden salir del paso con los argumentos más peregrinos.

Dado que no dominan el arte de la mentira, solo pueden aspirar a eludir sus consecuencias. Pero éste Gobierno, para su desgracia, no tiene en sus manos el poder absoluto, aunque hayan atesorado indudables méritos para conseguirlo. De manera que solamente podrán eludir las consecuencias de sus mentiras hasta las próximas elecciones, o lo que es lo mismo, mientras que los españoles se lo consintamos.

Memorias de un desengañado y una intuición

Mariano Rajoy ganó sus primeras elecciones por mayoría absoluta en diciembre de 2011 después de una campaña en la que por activa y por pasiva declaró que bajaría los impuestos. Lo primero que hizo fue aprobar una gran subida impositiva. Lo hizo alegando que “no se podía saber”, que se había encontrado una situación mucho peor de lo que el anterior ejecutivo, encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, le había trasladado. La mentira sistemática, la zafiedad en las argumentaciones, la prepotencia y soberbia acompañaron al gobierno de Rajoy hasta que le acabaron pagando con su misma moneda; de manera muy merecida pero infortunada para España.

Desde aquel anuncio de diciembre de 2011 dejé de votar al PP a pesar haber sido militante, aunque no muy practicante, desde el año 1993. Y no concibo volver a votar a este partido en un futuro. ¿Por qué?. No por las mentiras que dijeron, sino porque me engañaron, porque pese a todas las señales en contra les di un margen de confianza, porque me las tragué. Porque lo que pasa factura no es la mentira, es el desengaño.

Cuando Ciudadanos se presentó a las elecciones de abril de 2019, con opciones, según las encuestas, a dar el sorpasso al PP su líder, Albert Rivera, mantuvo una y otra vez que no pactaría con el “PSOE de Pedro Sánchez” fuesen los resultados los que fuesen. Y, en efecto, mantuvo su palabra contra viento y marea a pensar de las enormes presiones a las que estuvo sometido tanto internas como externas a su partido. Resulta entonces paradójico que en la repetición electoral de noviembre de ese mismo año sus votantes retirásemos la confianza en él, una rara avis política que cumple sus promesas.



Ocurre que, en realidad, con su posición trataba de disimular un engaño aún mayor. Se nos había venido que Ciudadanos venía a ser el partido que retiraría el secular papel de árbitro (no casero, sino de caserío y masía) entre la izquierda y la derecha que ha jugado el independentismo. En cambio, en cuanto se presentó la primera ocasión en nuestra historia reciente para consumar la que era misión fundacional de su partido, la traicionó por el objetivo menor y prosaico de competir por la Presidencia de Gobierno. Un nuevo desengaño.

Algo similar le ha ocurrido a Pablo Iglesias hoy, afortunadamente y de momento, apartado de la política. Similar, aunque mucho más vertiginoso, porque si las mentiras de los políticos contemporáneos son cortas las de Iglesias han sido mentiras de ciempiés: “orgulloso de vivir en Vallecas”, “es indigno que un representante público cobre más de 3 salarios mínimos”, el jarabe democrático vale para los demás, pero no para mí, etc. Mentiras, en definitiva, refutables a la vuelta de correspondencia. Hay que reconocerle, eso sí, que se ha marcado un money for nothing, chicks for free que dejaría sentado al propio Mark Knopfler.

Los políticos juegan con el concepto de cuenta bancaria emocional. Es como si mantuviesen una cuenta con sus votantes en la que van haciendo depósitos (nos cuentan y hacen cosas que nos gustan) y, de vez en cuando, se llevan reintegros (decisiones que no nos gustan y desengaños). Y así confían en mantener un saldo positivo con la mayor parte de sus votantes el día de las elecciones. Ocurre que, algunas veces, no miden sus reintegros y acaban rompiendo la hucha. A partir de ahí ya da igual los depósitos que hagan porque no se van a quedar en la hucha. Parafraseando a Hemingway, primero pierden poco a poco su crédito y luego todo de repente.

¿Será Pedro Sánchez el siguiente en arruinarse políticamente?. Le quedan aún años por delante y, lo más importante, muchos recursos en forma de Next Generation EU para hacer depósitos por doquier. La cuestión es si su hucha con muchos de sus votantes y simpatizantes se ha roto ya o no. Mi intuición es que sí.

1 comentario en «La mentira y el desengaño»

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