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La ciudad foral: una propuesta de innovación inversa para la España Vaciada

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La ciudad foral

La ciudad foral • Un crisol • Escala humana • Las vallas hacen buenos vecinos • La España Vaciada • Europa ha muerto • Las ciudades están vivitas y coleando

La ciudad foral

El economista Paul Romer presentó la idea de la ciudad foral (Charter City) en una charla TED en 2009, en la que muestra como los éxitos económicos en China (Shenzhen), Singapur o Dubái se basaban en la creación de zonas de jurisdicción especial que emulaban el estatus de la ciudad de Hong Kong. Estas zonas especiales permitían a los países introducir nuevas reglas (de mercado) para personas, empresas y capital tanto nacional como extranjero que decidían instalarse en ellas, sin distorsionar el marco del resto del territorio.

Se trata de una idea pensada para su aplicación en países en vías de desarrollo con el patrocinio de países desarrollados. Eso le ha merecido críticas tachándola de neocolonialismo y condescendencia.

Lo que propongo aquí, en cambio, es aplicar innovación inversa al concepto de la ciudad charter: construir las ciudades en el denominado primer mundo.

Estas ciudades tienen características comunes:

  • Se construyen en terrenos no habitados o urbanizados
  • Son entidades administrativas independientes, como por ejemplo una iniciativa público-privada
  • Tienen capacidad legal para mejorar el entorno para los negocios en áreas como el registro de empresas y propiedades, la educación, el transporte, la legislación laboral, las normas de construcción etc.
  • Pueden establecer una autoridad fiscal y un reparto de ingresos con el país huésped

Pero hay diferencias en cuanto a su aplicación en un país en vías de desarrollo frente a un país desarrollado. Si en un país en vías de desarrollo sus instituciones son una debilidad y la motivación de sus ciudadanos por progresar una fortaleza, en un país desarrollado ocurre lo contrario.

En un país en vías de desarrollo se espera que una ciudad charter cree una burbuja de riqueza y prosperidad e indirectamente que sirva de ejemplo e inspiración para el país. En un entorno desarrollado como la Unión Europea (UE) lo que perseguimos es que la ciudad actúe de palanca de crecimiento económico y poblacional para la región y el país en el que se sitúe.

¿Quiénes serían los pobladores?

Deberíamos atraer a miembros de la clase global de creadores, innovadores y emprendedores de todo el mundo.

Habría que limitar el porcentaje de pobladores provenientes de la UE a un ~20%, como funcionarios o empleados públicos.

Esto es importante porque “no se trata de desvestir a un santo para vestir a otro” convirtiendo la ciudad en un paraíso fiscal para ciudadanos de la UE.

¿Por qué vendrán?

No parece que haya escasez de personas con voluntad de trasladarse a la UE debido a sus estándares de vida e instituciones sólidas. Pero la ciudad debe ser atractiva también a la hora de proporcionar un entorno amigable para los negocios que impulse la innovación y la toma de riesgos. Esto implica una fiscalidad muy baja durante un periodo de tiempo muy prolongado (~100 años).

¿Cómo los seleccionaríamos?

Una cosa buena de las personas creativas, innovadoras y emprendedoras es que se auto seleccionan. Se arriesgan. Compran una casa y empiezan un negocio. Así que el filtro debería ser simplemente pedirles que traigan su dinero o inversión a la ciudad. Los criterios de admisión deben ser muy sencillos y fáciles de gestionar.

Al mismo tiempo la ciudad debe trabajar codo con codo con instituciones financieras nacionales e internacionales como bancos, fondos y capital riesgo. Esas instituciones tienen el saber-hacer y la experiencia para evaluar a los emprendedores y proporcionarles los fondos que necesitan.

¿Dónde deberíamos construir la ciudad?

La ciudad debería construirse en un lugar inhabitado o no urbanizado de forma que los costes de adquisición fuesen bajos y sea posible aplicar una tabla rasa de derechos y leyes.

Un pueblo también podría ser la semilla para la ciudad si se trata de un pueblo muy pequeño y su población se muestra conforme con abandonarlo o quedarse adhiriéndose a los nuevos términos.

Un crisol

Se ha argumentado que la cultura emprendedora de California proviene de la cooperación nacida de la necesidad. En nuestro imaginario colectivo tenemos una idea un tanto distorsionada del pionero del lejano oeste y solemos pensar en ellos como vaqueros individualistas cuando, de hecho, la vida en las duras condiciones de la frontera requería que las personas trabajasen juntas. En el siglo XIX para llegar a California era necesario hacer un viaje de 6 meses uniéndose a una caravana de perfectos desconocidos de culturas y religiones distintas, a través de un desierto lleno de peligros para la supervivencia.

Un caso más reciente que guarda ciertas similitudes es la creación del moderno Estado de Israel, como se cuenta en el libro “Start-up Nation”. Israel es el país con más start-ups por población de todo el mundo. Como en el caso de California, un enorme flujo de inmigrantes de todo el mundo llegaron a Israel para empezar de nuevo. El contexto geopolítico proporcionó la necesidad: Israel o prospera o muere.

Queremos que nuestra ciudad foral replique los casos de éxito de Silicon Valley e Israel, pero a una escala menor y de manera mucho menos dramática. Queremos que la ciudad foral se convierta en un crisol de personas de diferentes culturas, experiencias y competencias que comparten el objetivo de su propio crecimiento y desarrollo. También queremos que compartan un objetivo en común: para tener éxito individualmente la ciudad debe tenerlo también.

Escala humana

No defiendo construir una nueva Brasilia sino varias nuevas ciudades pequeñas de ~ 20.000 habitantes. Esto también nos permitiría crear ciudades sostenibles, mejor gestión de los costes y los riesgos y, finalmente, un ecosistema de núcleos de población más robusto.

Las nuevas ciudades son una oportunidad para revivir las ciudades a escala humana y poner a prueba la ciudad de los 15 minutos. Sitios donde las personas pueden hacer casi toda su vida paseando. Este tipo de ciudades no son solamente buenas para las personas, pero también para el medio ambiente, la sostenibilidad económica y la resiliencia. La ciudad debe emplazarse en un lugar con acceso directo a agua, comida y energía renovable.

Adicionalmente los costes de urbanización deberían ser bajos para que las viviendas sean asequibles. Deberían usarse materiales locales en la construcción para que la ciudad se pueda mantener y reconstruir para siempre por las personas de la zona y se creen empleos locales que retroalimenten la economía local.

Este énfasis en la escala humana no es solamente una oda a los “viejos y buenos tiempos”. Como se menciona en los libros The Rainforest y Startup Communities hay algunos atributos clave de los ecosistemas de emprendimiento que nutren las ciudades a escala humana. Una de las características de los ecosistemas de emprendimiento es su alta densidad y las oportunidades que ofrecen para establecer conexiones aleatorias entre sus miembros. Por ello la ciudad debe ser densa y proveer muchos espacios públicos para la conexión y participación de los ciudadanos.

La conectividad es otra característica clave. No se trata de construir una ciudad aislada, lo que sería inviable dada su relativamente pequeña dimensión, sino una ciudad que se integre con el resto de la región. Queremos que los emprendedores de la ciudad foral estén conectados con otros ecosistemas y tengan acceso a servicios e infraestructuras proporcionadas por ciudades vecinas.

Las vallas hacen buenos vecinos

La ciudad debe estar cerrada y acotada. Es una señal de buen urbanismo que exista una separación clara entre la ciudad y el campo pero, independientemente, la ciudad necesita una frontera para que pueda monitorizarse el flujo de bienes y personas. De esta manera el fuero de la ciudad puede aplicarse de manera efectiva. Las partes interesadas en la ciudad deben poder asegurarse que los ciudadanos que disfrutan de exenciones fiscales son residentes en la ciudad.

La ciudad debe construirse en un sitio que le permita acceder a infraestructura existente e (idealmente) infrautilizada. De esta manera tanto costes como riesgos se reducen para beneficio de la ciudad, pero también representa un beneficio para las ciudades vecinas y el país huésped en términos de utilización de activos: carreteras, ferrocarriles, universidades y hospitales. Es una situación ganar – ganar para sitios donde la despoblación pone en riesgo el mantenimiento de servicios e infraestructuras públicas.

Hay que evitar la competencia fiscal entre la ciudad y el país huésped o la UE. Por ello la residencia en la ciudad de ciudadanos de la UE debe estar limitada. El país huésped y la UE se beneficiarán de nueva actividad económica desarrollada por población nueva. No se trata de reconfigurar la estructura del tejido productivo ya existente para mermar ingresos fiscales.

La ciudad foral es una apuesta convexa para el país huésped. Los costes son bajos, probablemente limitados a los costes políticos e intelectuales para diseñar, implementar e integrar el fuero en el marco legal y constitucional del país. Los costes materiales pueden financiarse por el sector privado y los pobladores. A través de la ciudad se atraerá inversión extranjera al país y la UE.

Los riesgos están acotados. En el peor de los casos nos encontraríamos con un terreno inhabitado u otra ciudad pequeña incapaz de sostenerse. Pero hay un gran potencial de retorno a través del crecimiento por replicación de ciudades forales a lo largo del territorio.

La ciudad foral es también una herramienta para trastear con políticas públicas. Un laboratorio para experimentar con nuevas formas de organizar e impulsar el crecimiento económico, la educación, sostenibilidad, salud, inmigración, que no pueden llevarse a cabo dentro del marco legal establecido.

España vaciada

La España vaciada es el nombre que se le ha dado al proceso de transferencia de población de ciertas regiones hacía, habitualmente, ciudades grandes y costeras. Es un proceso que se da a nivel global pero que en el caso español tiene sus peculiaridades debido a la dinámica política del país. Esta dinámica alimenta el ciclo vicioso de despoblación, envejecimiento y decaimiento económico de los territorios que no están bien representados a nivel político. La última sesión del Congreso ilustra este argumento.

Vivo en León, la capital de una provincia que ha perdido el 10% de su población en los últimos 10 años, especialmente jóvenes. El INE proyecta un desplome adicional de un 33% de la población para los próximos 15 años. Debido al envejecimiento de la población no hay ninguna posibilidad orgánica de revertir esta tendencia. No hay medidas de abajo-a-arriba que puedan evitar este desastre económico y demográfico.

Este es un problema que es definitivamente nuestro problema porque solo a quienes vivimos aquí nos importa el futuro de esta zona.

Desde luego no estamos en la agenda de los políticos nacionales a quienes solamente les preocupan las regiones con representación en el parlamento con quienes pueden intercambiar poder por privilegios y presupuestos.

Y tampoco estamos en la agenda de los políticos regionales. Somos parte, junto con otras nueve provincias, de la autonomía de Castilla y León, una de las más extensas de la UE. El gobierno regional ni ha querido ni ha podido impulsar un desarrollo equilibrado a nivel territorial. Hasta ahora han elegido el camino fácil de centralizar (crear y aprovechar economías de escala) y apostar por los pocos territorios que a los que les han ido bien las cosas. Lo han llevado al extremo de usar fondos de la UE destinados a provincias pobres para financiar proyectos en provincias ricas, alimentando un mayor desequilibrio territorial.

Como se puede ver estamos perdidos, por usar una expresión amable. Realmente necesitamos políticas de arriba-a-abajo para parar esta sangría. Pero no contamos con apoyo en este entorno político de suma cero. En los últimos años el bipartidismo ha sufrido grandes contratiempos, pero ninguno de los partidos nuevos que aspiraban a cambiar el escenario  lo consiguió. Veremos que ocurre ahora que aparece el movimiento político de la España Vaciada, cuya estrategia de saturación ya anticiparon los Simpson:

En cambio una política de ciudades forales cambiaría las reglas de juego dado que los recursos y la gobernanza se escurriría parcialmente de las manos de nuestros políticos manirrotos. Además la España Vaciada es la mas adecuada en términos geográficos y demográficos para albergar estas ciudades.

Una única ciudad foral de 20.000 personas, junto con la creación indirecta de riqueza que crearía en su entorno, podría revertir, de un solo golpe, todo el decaimiento de una provincia como León.

Por otro lado, nuestro problema será finalmente un dolor de cabeza para nuestra clase política. Por el camino que vamos estos territorios acabarán siendo insostenibles. Algún tipo de medida de arriba-a-abajo tendrá que tomarse para aliviar el dolor.

Creo que las ciudades forales pueden no solo aliviar ese dolor sino proporcionar beneficios tanto para España como para la UE.

Europa ha muerto.

“Europa es un cadáver … Es como un jamón, que está muerto, pero hay que hincarle el diente”

Jorge Ilegal

La UE está decayendo en varias dimensiones clave. Hay crecientes divisiones internas entre sus miembros como evidencia la aparición del grupo de Visegrado, por no hablar del Brexit. Está perdiendo relevancia en el escenario internacional no solo respecto a los EEUU sino respecto a China o Rusia. Es incapaz de proteger de manera efectiva sus propias fronteras o articular una respuesta a eventos que se desarrollan en su patio trasero (Guerra de los Balcanes, Ucrania, …).

Pero, de manera crucial, la posición de la UE como motor económico se está erosionando así como su peso en la población mundial. La pirámide de la población de la UE se está estrechando progresivamente en su base, lo que representa un gran reto para el futuro de los pensionistas y de la economía.

El emprendimiento que “afecta a la economía a través de la innovación, la competición y la reestructuración” no se desata en un entorno altamente regulado y progresivamente aislado poblado por ciudadanos ricos pero viejos, sin incentivos y con aversión al riesgo.

¿Como están enfrentando los líderes de la UE el problema del envejecimiento?. Desde luego no lo están haciendo impulsando el aumento de la fertilidad. Eso no se puede hacer solo persuadiendo a la población para que tenga más hijos. Debes nutrir un entorno en el que tener hijos no sea visto como una carga. Uno en el que pueda florecer la institución antiguamente conocida como “familia”.

En vez de ello nuestros líderes han puesto todas sus esperanzas en la inmigración. Y la inmigración debe jugar un rol central por muchas razones, para empezar la del tiempo. A pesar de los recientes progresos tecnológicos todavía se necesitan 18 años y 9 meses para que un adulto crezca. Pero la inmigración ha venido en la forma de peticiones de asilo, refugiados e inmigración ilegal lo que implica que nuestras políticas de inmigración están al albur de eventos aleatorios que se producen en el extranjero y de la especulación financiera. No hay un liderazgo con una visión convincente para el futuro de nuestras sociedades.

No debe sorprendernos que, a pesar de todo lo bueno y del crecimiento que acompaña a la inmigración, aumente la preocupación y la división política respecto de sus efectos secundarios: marginalización, enfrentamiento cultural, inseguridad, etc. Ha imperado el pensamiento lineal y estamos enfrentándonos a ramificaciones de segundo orden. Europa ha muerto porque nuestros líderes son zombies.

Las ciudades están vivitas y coleando.

Reconociendo que la inmigración debe jugar un papel central para enfrentarse al problema del envejecimiento pero que las (no)políticas de inmigración están creando problemas graves que generan una fuerte oposición en una parte de la población, partidos políticos y gobiernos electos, conviene poner de manifiesto que las ciudades forales pueden ayudar a mitigarlos.

La ciudad es la cuna de la civilización. Ha sido una potente herramienta para el desarrollo de la humanidad. Es donde ocurren la innovación y la oportunidad. Las ciudades están llamadas a jugar un papel incluso más importante en el futuro a medida que el poder de los estados-nación decae. La complejidad creciente del mundo moderno sienta las bases para un globo de aldeas, no una aldea global.

Los problemas complejos deben enfrentarse en su escala característica. De momento hemos fallado al enfrentarnos a problemas como el de la fertilidad que debe hacerse a la escala de la familia. ¿Cuál es la escala característica para la inmigración? La UE está tratando de que la inmigración se gestione a nivel nacional. Algunos insisten en que se gestione a nivel supranacional. Pero ¿los inmigrantes no trabajan, viven y juegan en nuestras ciudades?. Son las ciudades quienes deberían jugar el papel protagonista en las políticas de inmigración.

Como en cualquier gran organización o ecosistema, darle la vuelta a una ciudad para transformarla es difícil y arriesgado y debería hacerse utilizando una aproximación abajo-a-arriba. Nuestras ciudades tienen una identidad, un carácter, una cultura y una historia propia, así que los cambios deben liderarse por sus ciudadanos. El rol del gobierno es permitir y apoderar a la ciudad para que evolucione, no forzarla o encorsetarla. Las ciudades necesitan autonomía de recursos y gobernanza en el marco de una legislación más amplia que proteja las libertades individuales y minorías. Esto requiere ir devolviendo cautelosamente poder a las ciudades.

En cambio construir nuevas ciudades es una política de arriba-a-abajo que puede liderarse por los gobiernos centrales. Puede tener un impacto rápido y significativo en términos de crecimiento de la población y la economía con costes limitados y riesgos gestionables, si se diseña apropiadamente.

No hay nada nuevo en construir nuevas ciudades. Se ha hecho a lo largo de la historia en todas partes. Escribo esta entrada en una ciudad creada hace 2.000 años por los romanos para vigilar a bárbaros subversivos y proteger el flujo de mineral desde la mina de oro más importante del imperio. La última vez que miré a través de la ventana no vi a ningún bárbaro ni a ningún romano y, desafortunadamente, ni una onza de oro. Pero la ciudad sigue aquí. Las ciudades son lindy.

En la edad media los reinos cristianos tuvieron que enfrentarse a la necesidad de repoblar las tierras conquistadas a medida que se expandieron al sur de la península ibérica. De manera que construyeron nuevas ciudades y les dieron fueros que atrajeron a pobladores del norte de la península pero también de otros reinos cristianos europeos.

¿Porqué no podemos aplicar esta vieja y probada solución al problema de la pérdida de población?. ¿Porqué no podemos crear nuevas ciudades en la vieja Europa para traer nuevos pobladores e impulsar la innovación, el emprendimiento y el crecimiento económico?

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