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Por qué soy un peligroso independentista sedicioso leonés

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Foto: un furibundo leonesista rompiendo España, en uno de sus días buenos

Porque nos ha ido muy mal – Porque lo han hecho rematadamente mal – Porque no lo van a hacer mejor – Porque nuestro sitio es el noroeste – Porque no queríamos – Porque el Estado no tiene razón – Porque queremos – Porque lo valemos – Porque soy localista – Porque no, no queremos romper nada – Porque me tienen hasta los mismísimos – Porque somos iguales – Porque semos diferentes – Porque soy del aleti – Porque tengo una edad


Al parecer los leoneses somos peligrosos independentistas sediciosos que perseguimos quimeras imposibles (que de otros son su rutina), dividir, enfrentar y levantar fronteras, aunque no quede aquí nadie para construir los muros.

Pero tenemos nuestras razones:

Porque nos ha ido muy mal

Desde que se ha creado la autonomía de Castilla y León, las provincias de León, Zamora y Salamanca no han parado de perder población y dinamismo económico.

No solo respecto del resto de España, también respecto del resto de provincias de su comunidad.

Según el INE, esas tres provincias perdieron un 15,2 % de población en los últimos 39 años. Mientras, el resto de la comunidad perdió un 2,8 % en ese mismo periodo (5 veces menos). El conjunto de España, en cambio, experimentó un crecimiento demográfico positivo.

El PIB por persona de las tres provincias es tan solo un 80% respecto del resto de la comunidad. Ciertos indicadores económicos como la renta per cápita por territorio sugieren que esa brecha de riqueza se está incrementando.

Porque lo han hecho rematadamente mal

Cuando los resultados son, objetivamente, malos es lícito cuestionarse si las cosas se han hecho bien, mal o regular. Hay cosas en la vida que tienen mal arreglo.

Esto es, posiblemente, lo que pensaron los responsables autonómicos y nacionales al observar el panorama que se le presentaba a la provincia de León en 1983: entrada en la Unión Europea y apocalipsis del sector primario, motor de la economía provincial.

Lo cierto es que unos y otros convirtieron un león en un cordero sacrificial. Los intereses del territorio quedaron supeditados al pretendido interés general.

La Unión Europea proporcionó fondos para la reconversión de las cuencas mineras. Pero la gestión de las autoridades autonómicas y nacionales fue un absoluto fracaso que solo sirvió para dilapidar los fondos.

A nivel autonómico se apostó por montar un escaparate bonito al lado de la sede del gobierno. Algo tenían que enseñar a las visitas. Era conveniente, por tanto, «invitar» a empresas de otras provincias a trasladarse al escaparate.

Por otro lado, resultaba bastante incómodo y poco operativo tener que desplazarse a través de una comunidad que es muy grande, de las más extensas de la UE. Su solución fue centralizar desproporcionadamente la administración contribuyendo a empeorar aún mas la situación de las provincias que perdían población.

Es de suponer que el negocio inmobiliario que se generó artificialmente, no tuviese nada que ver en esas decisiones.

En definitiva no se supieron gestionar los recursos. No se veló por los intereses del territorio leonés. Y la política de centralización contribuyó acelerar su declive, y de manera estructural.

Porque no lo van a hacer mejor

La mayor parte de las personas responsables de aquella gestión ya no ocupan sus puestos. Pero no es consuelo porque el problema no son las personas, es el sistema. Es la mentalidad y los incentivos.

Recientemente uno de los partidos que concurren a las elecciones (estamos en campaña) ha presentado un programa de gobierno con cuyas líneas generales coincido, como el apoyo a la innovación en sectores estratégicos.

Coincido, hasta que uno se da cuenta de sus implicaciones dado el actual estado de las cosas: invertir en lo que funciona, es decir, en los territorios de siempre.

Es un razonamiento inapelable, que cualquiera que haya tenido responsabilidades o conocimientos de gestión puede entender. Se trata de buscar el punto dulce de la curva de rendimientos, aquel que proporciona el mayor retorno con el menor esfuerzo.

Pareto y tal.

Pero, ¿Dónde queda la cohesión territorial?. Busquen «cohesión territorial» en Google y verán que salen unas pocas entradas de la Unión Europea.

Es curioso que partidos que tienen a Europa por señera muestren sesgos tan evidentes ante valores europeos. Yo creo que ni se dan cuenta.

Sí, si compartimos el valor de la cohesión territorial tenemos que invertir dinero de manera menos eficiente. Por eso hay fondos europeos que vienen a España o Portugal en lugar de irse a Alemania u Holanda.

Quienes son unos figuras son los del partido en el gobierno autonómico. Ellos no tienen ni sesgos ni remilgos. No se les escapan los mecanismos de cohesión. Con una mano los reclaman a la UE en base a los territorios pobres de la comunidad y con la otra lo reinvierten en «los que funcionan».

Hay que reconocerles su mérito. De esa manera es imposible que se cierre la brecha entre territorios y siempre habrá argumentos para reclamar fondos de cohesión. Han inventado el móvil perpetuo financiero. Hasta que alguien en la UE espabile.

Porque nuestro sitio es el noroeste

Por historia, cultura, costumbres y, sobre todo, por geografía (que es la más obstinada de todas las razones), el sitio de la región leonesa es el noroeste.

Nuestro progreso siempre ha estado vinculado al de Galicia, Asturias y Portugal. Son nuestro acceso al mar y somos su puerta a la meseta.

Es con ellos a quien tenemos que enfocarnos, aliarnos y vertebrarnos, cosa imposible de hacer mientras estemos incorporados a esta descomunal comunidad autónoma cuyo foco está, lógicamente, orientado hacia País Vasco, Aragón y Madrid.

Porque no queríamos

En la foto de abajo se muestra la manifestación pro autonomía leonesa de 1984, a la que asistieron unos 90.000 leoneses. Casi un 25% de la población de la provincia en aquel momento.

Si el 25% de la población española, unos 12 millones de personas, saliesen a la calle así ¿creen ustedes que no pasaría absolutamente nada?. Pues aquí no nos hicieron ni puñetero caso.

La columna de manifestantes por Ordoño II. (Foto: César / Fototeca Municipal de León). Para los que no sois de aquí: León es muyyy pequeño y la manifestación es muyyy grande
Porque el Estado no tiene razón

La unión de León con Castilla se impuso por «razones de Estado«. Y seguro que el Estado tendría sus razones, porque no le ha ido mal desde 1983.

En cambio a León le ha ido mal porque el Estado ha decidido sacrificar unos territorios en beneficio de otros. El «lion´s share» no se lo ha llevado el león.

Este es un territorio con abundantes recursos naturales cuya explotación redunda en riqueza para otros o es moneda de cambio de otros intereses. Si hay que apresurarse a cerrar minas o centrales para ponernos una medalla, se hace. Aunque se condene a las cuencas.

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twitter: @lolodibujante

La gobernanza del Estado se ha convertido, desde hace mucho tiempo, en un bazar, un mercadeo de votos y poderes fácticos.

Las cosas no deberían ser así pero, sin embargo, así son. Necesitamos representantes que negocien a cara de perro y defiendan nítidamente nuestros intereses.

Esto no lo pueden hacer nuestros partidos políticos locales y autonómicos ya que son franquicias de partidos nacionales y eso hace que nuestros representantes jueguen con las manos atadas a la espalda.

Tampoco lo puede hacer la Comunidad de Castilla y León porque ante la presión de una negociación siempre se verá obligada a priorizar «lo que funciona».

Porque queremos

A finales de 2019 se inició un proceso de mociones leonesistas en el Ayuntamiento de León que han sido secundadas por numerosos municipios que ya superan el 50% de la población representada de la provincia.

Las encuestas reflejan un apoyo creciente a la separación de Castilla, muy especialmente en la provincia de León.

El autonomismo leonés es fenómeno persistente en el tiempo, transversal, reforzado por la horrible evolución y gestión de nuestros asuntos, ajustado a la legalidad y cargado de argumentos de toda índole. Queremos autonomía.

Porque lo valemos

La Constitución Española de 1978 consagra nuestro derecho a la autonomía.

En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos

Constitución Española. Artículo 143

No, pese a lo que hayan oído decir, no es necesario cambiar una coma de la Constitución para que León se constituya en Comunidad Autónoma. Tan solo es necesario cumplirla.

Porque soy localista

Que el diseño territorial del Estado español ha fracasado es una curiosa coincidencia entre los separatistas y los nacionalistas españoles, quienes desearían eliminar las autonomías.

A mi juicio en éste caso la virtud no está en el centro, que es el modelo que tenemos. Hay que rescatar a Ortega y Gasset y su España Invertebrada.

Hemos creado 17 miniestados cuando lo que debemos hacer es construir un continuum articulado de gobernanza: pueblos, ciudades, comarcas, provincias, regiones/países y otras entidades.

Mientras que el gobierno central asume las funciones propias del Estado: policía, ejercito, justicia, política exterior o la gestión sistémicos.

Una autonomía propia para León o la transformación de Castilla y León en una mancomunidad de provincias, que era la idea original de este invento, iría en la línea de los que apostamos por un mayor localismo.

Porque no, no queremos romper nada

Separar León de Castilla no es romper nada. Al menos nada que no esté roto ya.

Los reinos de Castilla y León se unieron definitivamente en 1230. Pero esa Castilla y ese León no es la Castilla y León del que nos hablan.

La corona de Castilla englobaba Cantabria, La Rioja, Madrid, Castilla – La Mancha o Murcia, entre otros. Todos esos territorios son hoy Comunidades Autónomas sin que nadie les haya acusado de romper nada.

El Reino de León no es más que el Reino de Asturias que cambia su nombre al desplazarse la capital desde Oviedo a León. Hoy Galicia, Asturias, Extremadura, Andalucía (occidental) son Comunidades Autónomas sin que nadie les acuse de romper nada.

Porque me tienen hasta los mismísimos

Me tienen hasta los mismísimos cuando dicen que hacemos política identitaria. Aquí siempre hemos sido leoneses, bercianos, pucelanos, zamoranos, abulenses, etc. Nunca hemos sido castellanoleoneses. Se ha pretendido imponernos artificialmente una identidad inventada. Con nulo éxito, por cierto, salvo fuera de la Comundiad.

En realidad ha sido la Junta de Castilla y León quien ha hecho política identitaria. Han financiado festividades y fundaciones identitarias y nos han martilleado durante años con musiquinas en la radio.

No contentos con eso han perseguido todo lo que suena a León, a su historia, cultura o imagen.

Tenemos que desayunarnos periódicamente con declaraciones de nuestros políticos diciendo que «Castilla y León es un modelo de éxito«. Yo les pediría que se esfuercen menos. Para la región leonesa ha sido un fracaso absoluto.

Otras veces cenamos con que «queremos levantar fronteras«. A mi aún no me han pedido el pasaporte para pasar Pajares o subir al AVE camino a Madrid. Estas memeces sí que denotan un muy feo y burdo deseo de manipular los sentimientos de los leoneses, quienes nos sentimos españoles.

Y para el desayuno, la comida y la cena tenemos que soportar el engaño, la mentira y la tomadura de pelo permanente. Para desactivar las mociones leonesistas se sacaron de la chistera una argucia que denominaron «Mesa por León«. Hace meses que no tenemos noticias de ella. Quizás se la encargaron al ebanista que fabricó la de la reunión de Putin y Macron.

Porque somos iguales

Twitter es un lugar fascinante y recuerdo como algunos se mofaron de nuestros anhelos de autonomía a finales de 2019 utilizando este meme:

El meme de Spider-Man señalando es recreado por Tom Holland ¿Referencia a  No Way Home?
Algunos no vemos las diferencias entre leoneses y castellanos

Y, en efecto. No veo diferencia entre un leonés y un burgalés, salvo que nosotros preferimos la morcilla y en Burgos el nigiri de morcilla. Desde luego que, si cogemos el microscopio y jugamos a las 7 diferencias, las encontraremos. Yo las encuentro incluso con el pueblo de al lado.

Pero esos ciruelos no eran capaces de ver que tampoco hay diferencia entre un cántabro y un burgalés. O entre uno de Albacete y otro de Soria. Y son Comunidades Autónomas distintas.

Sí, somos iguales, idénticos. Y con los mismos derechos.

Porque semos diferentes

No obstante sí hay diferencias entre Castilla y León. El PIB por habitante de la región leonesa es un 20% inferior respecto de la castellana y todo apunta a que la brecha sigue abriéndose.

La estructura económica de Castilla y sus sectores estratégicos, basados en la automoción o la industria, no se parecen en nada a los leoneses.

Nuestra posición geográfica sugiere alianzas, políticas y estratégicas muy diferentes para una región y para otra.

Para nosotros las autonomías son un modelo de organización territorial, nada más. Un modelo que nos nos ha funcionado, que no nos sirve y que queremos cambiar.

Porque soy del aleti

Soy muy consciente de que no hay nada que hacer. No tenemos la capacidad de romper este marco que se nos ha impuesto.

Además el daño está hecho. Y no hay ya capacidad orgánica para revertir la situación desde el territorio.

Solo podemos aspirar a mantenernos a flote cuando toquemos fondo a nivel económico y demográfico en 2035.

¿Porqué el empeño, entonces?. Porque me gustan las causas perdidas. Me encanta pasear por ciudades decadentes como Venecia o Lisboa. No tengo mentalidad de campeón. Soy del aleti.

Porque tengo una edad

Tengo, además, una edad y he vivido todo este proceso desde el principio. En cierta manera me siento corresponsable de esta situación. Una situación en la que las proyecciones anticipan serias dificultades para mantener las infraestructuras, servicios públicos y patrimonio de los leoneses.

Debí haber luchado más. Debí haber participado más. Debí haber alzado la voz más. Debí haber sido menos crédulo. Debí haber sido más exigente.

Sobre todo debí haber sido más valiente.

Nunca es tarde. Tengo mucho que perder y nada que ganar al expresar mi opinión públicamente. Pero no quiero irme sin haber dejado constancia de lo que hemos dejado que hagan con nuestra tierra.

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